miércoles, 21 de junio de 2017

Muñecos de paja

Un muñeco de paja es una construcción argumental para criticar una postura (o individuo, idea, movimiento, etc.), basado en representar de una forma irreal (usualmente interesada) dicha postura para atacarla, buscando el apoyo de lectores no convenientemente informados acerca de la postura real. Hay verdaderos expertos en su uso, y via uno de ellos llego a este artículo.

Por la extensión de la respuesta al artículo, que critica (en base a premisas erróneas) las iniciativas de APETP en su lucha contra pseudociencias, merece hacer una entrada ex profeso aquí.

Voy a hacer un repaso, nada breve, de incorrecciones del artículo.

Primero, que seas profesora en Físicas es irrelevante. Solo significa que has aprobado una serie de exámenes, y no impide que sufras exactamente todos los sesgos que cualquier otro humano puede sufrir. Ni siquiera es garantía de que no sufras de algún problema mental que te lleve a delirios. El nivel de estudios que tengas no es garante en ningún caso de que tus argumentos sean más acertados que el de cualquier otro. Tampoco significa que estés equivocada o que no estés cuerda, pero quiero dejarlo claro porque pretender que otros no tengan razón porque tú seas científica es una argumentación incorrecta.

Pero si eso te preocupa, APETP cuenta entre sus filas con varios científicos (empezando por su propia presidenta), además de áreas de investigación más cercanas a la salud. También cuenta con varios profesionales de la salud (cada vez más, conforme nos va conociendo la gente).

Paradigmas y Galileo. Más allá de comentar que son recursos clásicos en los discursos de reformas coercitivas del pensamiento, añadiré que hablamos de la protección social contra estafadores, basada en las pruebas de que disponemos. En tu símil, APETP es Galileo luchando contra hordas de aprovechados que, frente a las evidencias, insisten en hacer creer en "amimefuncionismos".

Son los científicos y profesionales anteriormente mencionados quienes, repasando la evidencia disponible, generan los artículos que se pueden leer en el listado de pseudoterapias de nuestra web, de los que se va uno por uno indicando si son un completo fraude, si tienen alguna parte de validez, o incluso si son legítimos en algunos campos pero se ofertan usualmente como válidos para otros en los que no lo son (y por tanto son pseudoterapias en esos campos). Nada de "meterlo todo en el mismo saco". De hecho, muchas de las propuestas están en la lista porque hemos recibido casos de afectados por ellas. Algunos (y solo uno ya serían demasiados), mortales. Muchos (y solo uno ya serían demasiados), muy graves. Lo de que el mayor riesgo sea perder tiempo y dinero no es correcto. Eso es lo de menos que te puede pasar. Lo de mayor riesgo es que te alejen de tu familia, de un tratamiento efectivo, y te maten. Y recibimos casos así.

Por supuesto, podemos explicar cosas como "los metaanálisis más rigurosos indican que los resultados favorables de la homemopatía/reiki/biorresonancia cuántica/angeloterapia/acupuntura/reflexología/ son compatibles con el placebo", pero para empezar, ni siquiera hay evidencias de muchas de las propuestas que se ofertan como terapéuticas, y eso ya es un primer fraude mayúsculo. En APETP no tenemos ningún problema con que se propongan, como terapéuticas, las "terapias alternativas/complementarias/holísticas/integrativas/naturales" que hayan demostrado que funcionan. Solo que entonces ya no serán "alternativas/complementarias/holísticas/integrativas/naturales". Serán simplemente medicina.

Tampoco queremos dorarle la píldora al vendedor de humos. Si te vendo esta piedra de playa que me acabo de encontrar, que mejora las defensas, a 50€ por ser tú, no vamos a marear a quien pueda estar leyendo los informes con buenismos del tipo "nadie sabe cómo funciona aún mi piedra de playa mágica para subir las defensas, pero quizá en el futuro la ciencia descubra que estaba equivocada y por tanto no podemos concluir de forma fehaciente que te estoy proponiendo una estafa como un piano para aprovecharme del efecto placebo y reducir tus niveles de estrés, ansiedad y dolor con un trasto inservible de 50€ cuyo efecto podrías haber igualado o superado por menos precio yendo a dar un paseo, charlando con amigos, leyendo un buen libro, yendo a ver una película que te guste, relajándote con buena música, visitando un spa, dándote un masaje, durmiendo una siesta o masturbándote", Si tenemos constancia de que algo es un fraude peligroso porque recibimos casos de afectados por una propuesta de la que los profesionales del sector nos indican que no tiene evidencias o las que hay son contrarias a su validez, es exactamente lo que vamos a decir, le pese al posmoderno que le pese.

No voy a comentar mucho acerca del conspiracionismo (de verdad, ¿qué coño pinta la industria química en una iniciativa creada porque un hijo de puta convenció a un chaval de que podía curarse de una leucemia tomando vitamina C y sin quimioterapia?). ¿Alguien cree que la industria química (lo que quiera que sea a lo que se refiera eso, supongo que es por no decir "farmafia") tiene algo que ver con que te maten a un hijo y, buscando alertar a la sociedad, te encuentres con que es un problema extendidísimo e intentes hacer algo para contrarrestar la desinformación imperante? Es una visión muy distorsionada y peligrosa, de nuevo síntoma de posibles problemas de reforma coercitiva del pensamiento. No tiene nada que ver con eso (y de hecho, gran parte de los que iniciamos esta aventura no tenemos ninguna relación laboral en temas sanitarios ni ninguna ligazón con promotores empresariales de ningún tipo, siendo totalmente independientes y costeando nuestras iniciativas de nuestros bolsillos). Y no, la ciencia no necesita acólitos. La sociedad, en cambio, sí necesita científicos y profesionales sanitarios que les protejan de estafadores. Y hasta hace bastante poco, demasiados científicos estaban de perfil en el tema, y demasiados profesionales sanitarios eran los que promovían estas cosas. Estamos intentando cambiar esto.

Porque los médicos, ni los científicos, tienen que decirle a nadie en qué creer. Porque no hablamos de creencias. Pero sí tienen una responsabilidad social en la protección de la salud y la información, y tienen que decirle a la gente qué supuestas propuestas terapéuticas son falsas. Hay que dejar de hablar de "terapias alternativas" cuando nos referimos a fraudes que no son terapias, y por tanto no pueden ser alternativas, ni complementarias, ni integrables al sistema sanitario. Por supuesto, tienen que impeler a la gente a que, ante un problema de salud, lo dejen en manos de los profesionales adecuados. Lo de que no se vendan sustancias prohibidas, ojalá se hiciera (ahí tienes el auge del MMS por parte de charlatanes peligrosos como Pàmies), pero así debería ser.

La medicina es imperfecta y falla (tanto a nivel técnico como de implementación humana), y claro que hay que aprender de esos errores y subsanarlos. Por ejemplo, un gran fallo ha sido la dejadez y permisividad que ha llevado a universidades, hospitales, colegios profesionales y muchos supuestos profesionales a introducir dichos fraudes entre su formación y práctica, dándole así un halo de credibilidad que jamás debió tener. Pero también, afortunadamente, estamos ayudando a que se den cuenta del problema y que empiecen a cambiarlo.

El riesgo no es solo que se rechace la medicina oficial, no te equivoques; incluso aunque se disfrace de complementaria, una propuesta inútil que se ofrece junto con otra realmente efectiva hará a su usuario creer que la primera es la que ha tenido el efecto real (según varios experimentos en psicología), desorientando así al paciente sobre las decisiones que podrá tomar en el futuro, y además probablemente haciéndole tender a probar otras propuestas aún más peligrosas. El riesgo de base en todo esto es claro: al mentir al ciudadano, sus decisiones sobre salud no se basan en información veraz, y por tanto dejan de ser libres. Las consecuencias pueden ser que le estafen, que le hagan perder tiempo (que puede ser vital), que acarree innecesariamente con problemas de salud por estar acudiendo a un estafador en lugar de a un profesional sanitario, que se le induzca a creer que la causa de su problema es culpa suya o de su entorno, separándoles de ellos, y un largo etcétera que termina en un sufrimiento y/o muerte prevenible de la víctima.

La medicina es imperfecta y muy equivocado está quien piense que cree que lo sabe todo. Si ya lo supiera todo, no haría falta tener multitud de equipos de investigadores tratando cada día de aportar solución (o al menos, paliativos) a problemas terribles. No haría falta la ciencia, que es la que trabaja para indagar en nuestra ignorancia y obtener respuestas que, por lo general, son incompletas e imperfectas y requerirán de más profundización en ellas. Pero que no lo sepa todo no significa que no sepa muchas cosas, sobre todo en conjunción con el resto de campos de la ciencia. Sabe, por ejemplo, que las ultradiluciones de sustancias que en bajas diluciones generan ciertos síntomas no sirven para tratar esos síntomas. Sabe, por ejemplo, que no existen energías místicas que canalizar, ni meridianos mágicos en el cuerpo, ni conexiones entre el pie (o el iris, o la oreja) y todos los demás órganos del cuerpo, ni propuestas "cuánticas" que usar como curativas, ni un largo etcétera que se están proponiendo actualmente, algunas de enorme popularidad.

Voy a insistir: no estoy contra la experimentación. APETP no está contra la experimentación. Nadie está contra la experimentación. Si alguien quiere pasarse la vida intentando detectar y canalizar esas energías místicas, que haga lo que le dé la gana con su tiempo y sus recursos. Pero, por favor, que no lo oferte como curativo (a 60€ la sesión) hasta que sus ensayos clínicos aleatorizados a doble ciego y revisados por pares y publicados en revistas especializadas y replicados por terceros independientes hayan conseguido dejar claro que esa propuesta era real. Soy el primer interesado en poder manejar La Fuerza para curarme de mis males sin necesidad de medicamentos (o para lanzar rayos, ya puestos). Parte del problema es que, de hecho, sí se ha experimentado, y mucho, en varias de estas pseudoterapias, y las conclusiones son que no funcionan. Aún así, se están vendiendo. Se está estafando con ellas.

La medicina oficial tiene mucho que aprender. Y los aviones, a veces, también se caen. Pero esto no puede servir como excusa para los que venden alfombras mágicas voladoras. Mucho menos, para perseguir a los que critican que se vendan alfombras mágicas voladoras. ¿Tenemos que levantar la voz sobre otros asuntos? Muchos lo hacemos, intentando buscar el mayor criterio y rigor para no caer en conspiraciones quimiofóbicas bastante comunes. Por ejemplo, ante los desmanes de la industria farmacéutica, siempre recomendamos apoyar iniciativas como www.alltrials.net.

La ciencia médica es imperfecta, pero es la mejor que tenemos. Creer que otras propuestas pueden funcionar donde la ciencia no llega, es caer en las garras de cualquiera que quiera venderte cosas como que la mente crea la realidad, incluyendo las enfermedades, que podemos curar enfermedades con la mente, y otras peligrosas propuestas pseudoterapéuticas de alto riesgo sectario (que en el ejemplo propuesto, recogen las premisas de la conocida psicosomática y la extienden hasta límites aberrantes). De vendedores de piedras mágicas para mejorar las defensas está el mundo lleno, solo que le ponen nombres un poco más rimbombantes. Gemoterapia, por ejemplo. O, actualmente, neurogemoterapia, que vende más. Con neurogemoterapia cuántica te llevas un 25% más de incautos. Y te apuesto lo que quieras a que, con ella, puedo conseguir testimonios de gente que lo avala porque le ha hecho sentirse mejor. Le subiré el precio de 50€ a 75€.

La medicina es imperfecta, pero desde el primer momento (y así se expresa en su deontología) se entiende al ser humano como un todo. Es usual que un facultativo te pregunte en su consulta si duermes bien, qué tal va tu nivel de estrés, qué tal la dieta que llevas, si haces algún tipo de deporte, etc., más allá del problema que vayas a consultar. Incluso hay chistes al respecto como:
–Entonces, doctor, ¿si dejo de fumar y de beber, duermo 8 horas todos los días, me abstengo de ir con malas mujeres, como legumbres, frutas y verduras, y dedico mi tiempo al ganchillo, viviré más?
–No, pero se le hará más largo.

También es usual que salgas de la consulta sin absolutamente ninguna prescripción más allá de "tener paciencia" o un "lo siento, hasta aquí hemos llegado con el estado del arte". También hay chistes al respecto como:
–¿Qué te ha dicho el médico, Manolo?
–Nada, que lo mío es hipocondríaco y que me busque un hobby.
–¿Y esa cara?
–Pues que a ver dónde encuentro yo ahora un puto enano de la Tierra Media.

Lo curioso es que, cuando uno sale del médico sin una receta, ¡a veces se enfada! No me extraña que proliferen engaños como la homeopatía.

La medicina siempre ha sido "holística" e "integrativa". Lo que pasa es que algunos pretenden que no es así, atribuyendo para sus propuestas estas características, e intentando integrar verdaderos fraudes como supuestos remedios. Contra eso es contra lo que luchamos en APETP.

Sobre Hipócrates (ha llovido un poco desde entonces): el cuerpo tiende a la autorrecuperación, pero cualquiera que haya necesitado, por ejemplo, un trasplante de riñones sabrá bien que tiene un límite y, a veces, quien le cura es el doctor.

Si hablamos de terapéutico sobre cualquier cosa que te pueda hacer sentir mejor, efectivamente todo es terapéutico: una mentira es terapéutica. Una paliza puede ser terapéutica (si crees que te la mereces). Cualquier estafa será terapéutica. Te vendo mi piedra de playa y todos encantados, tú con mi terapéutica piedra de playa y yo con tus 50€.

Disculpa, pero hay que hablar de ética: la aplicación del efecto placebo es muy interesante, pero tiene que ir de la mano de no engañar al individuo (de hecho, sabemos que incluso a sabiendas de que una propuesta es placebo, su efecto se puede seguir apreciando), y sobre todo (y más importante para mí), de no desorientarlo con respecto al funcionamiento de la realidad: si tú crees que mi piedra de playa mágica (que además es natural, holística, sin efectos secundarios) mejora tus defensas, es bastante probable que ante una enfermedad infecciosa (tuya o de alguien a tu cargo) pienses "voy a probar primero con esto y, si no se me pasa, ya iré al médico". Porque los humanos funcionamos así. Y ese tiempo puede ser letal o complicar mucho las cosas. Encima, fundado en un fraude.

Quizá el problema sea que creas que nos metemos con la arteterapia, risoterapia o con la musicoterapia (de las cuales la única queja es que se esté abusando coloquialmente del término "terapia", que induce a algunas personas a creer que pueden curarse de una afección física gracias a ellas, más allá de contribuir a reducir estados de estrés o ansiedad). No tenemos nada en contra de ninguna técnica legítima que demuestre que contribuye al bienestar de forma ética, insistiré lo que haga falta. Lamentablemente, son las menos (unas seis o siete de entre más de 140 de cualquier listado no exahustivo que se haga). Asunto muy distinto es, sin irse muy lejos, la mencionada "gemoterapia", por poner un ejemplo de un abuso totalmente fraudulento del término. No sé si ves la diferencia. Y esto son los ejemplos más leves; en el otro extremo tienes la bioneuroemoción, biodescodificación, nueva medicina germánica, sintergética, "medicina antroposófica"...

Recuperar la cordura en el terreno de la salud es precisamente lo que buscamos en la asociación. En APETP sabemos que no se puede saber todo, pero tenemos muchos teléfonos de quienes que saben mucho, y les consultamos constantemente. Tratar de decir "como no lo sabemos todo, esto funciona" es la falacia ad ignoratiam; primero demuestren y, solo después, oferten. Tampoco es riguroso haber montado un muñeco de paja a base de hacer creer que decimos las cosas porque nos apetecen que sean así. En cada elemento del listado de pseudoterapias en el que tenemos preparada su ficha extendida sobre por qué lo son, podrás encontrar las fuentes y la referencia de quien ha confeccionado el artículo.

viernes, 7 de abril de 2017

Depresión: ¿me siento con suerte?

La siguiente entrada es de autoría de Mabel Fuentes, socia de ARP-SAPC, RedUNE y APETP, que participa en el Día de la Depresión con este artículo:
Cuando desde ARP-SAPC nos propusieron colaborar con un artículo para el Día de la Depresión pensé que sería interesante observar qué grado de desinformación hay al respecto en Internet. Esa sería una tarea un tanto vasta, así que me centré finalmente en obtener una pequeña muestra que pueda dibujar la imagen que una persona corriente puede llevarse sobre la depresión y su tratamiento a tan solo unos tecleos y unos clics de distancia.

He realizado un pequeño examen poniéndome en el lugar de un afectado que busca sobre depresión en Internet. He examinado los primeros cinco resultados de tres búsquedas diferentes desde mi ordenador y vía Google que son: «tengo depresión», «superar la depresión» y «qué hacer con depresión». He anotado cuatro características: qué profesión dice ejercer el autor, si hace diagnósticos, promueve el autodiagnóstico o proporciona pautas a modo de tratamiento, si recomienda alguna terapia y, si es psicológica, de qué orientación y, finalmente, si recomienda acudir a un sanitario especialista. He apuntado las respuestas en esta tabla: https://docs.google.com/spreadsheets/d/1J_rHT4SeKDx-OCgMp255gICA7wvacZpM8PDVurdSabI/edit?usp=sharing


He obviado los resultados de anuncios; he saltado al siguiente resultado en el caso de que un vínculo ya hubiese sido recogido en una búsqueda anterior y he obviado páginas cuyo contenido no parece estar tan dirigido a personas que creen estar deprimidas, y que por lo tanto entiendo que no serían visitadas por este perfil de usuario (por ejemplo, «qué hacer si crees que tu hijo adolescente tiene depresión»).

Antes de recabar los datos, creía que me iba a encontrar con una situación mucho más grave de lo que después he podido ver. Pensaba que la mayoría de los resultados propondrían pseudoterapias como propuesta de tratamiento, así como mucho artículo con consejos médicos o psicológicos escritos por personas que no son profesionales sanitarios. Sin embargo, he encontrado que la mayoría de los autores de las entradas consultadas dicen ser psicólogos, y también la mayoría aconsejan desde el primer momento acudir a un especialista si crees que puedes estar sufriendo depresión.

Sea como sea, debemos prestar atención a los resultados que hacen saltar nuestras alarmas, y sobre ellos me gustaría realizar algunos comentarios.

Cuatro de los quince resultados (tres de ellos han sido los primeros obtenidos) proponen la realización de un test para saber si tienes o no depresión, de manera que se lanzan a emitir un diagnóstico en línea. Lo he completado con síntomas propios de depresión y todas las páginas aconsejan acudir a un especialista. Una de las páginas dice, en presente de indicativo, «padeces un síndrome depresivo entre moderado y grave». Todos los test niegan su capacidad diagnóstica.

Ha sido muy habitual encontrar la idea de que si quieres, puedes. La gran mayoría de las páginas proponen pautas, consejos, acciones que puedes llevar a cabo para superar la depresión. Si bien la mayoría también recomiendan la visita a un especialista, en muchas de ellas este consejo ocupa un espacio anecdótico, y se transmite la idea de que puedes superarlo solo. En dos de las páginas consultadas se ofrecían consejos para superar la depresión sin recurrir al uso de fármacos.

En esta línea, un ejemplo ilustrativo a modo de muestra del tipo de consejos que suelen verter la mayoría de los resultados obtenidos sería esta web: http://www.rinconpsicologia.com/2010/11/como-combatir-la-depresion-siete.html

Como podemos leer en el punto 7, se llegan a enunciar contenidos contradictorios:


El punto lo encabeza el imperativo «decide vencer la depresión» para acto seguido enunciar que «no basta con la fuerza de voluntad». La última frase puede ser demoledora para alguien que siente que está sufriendo depresión: implícitamente se está diciendo que estás en la obligación de superarla, pero que al mismo tiempo no está en tu mano. ¿En qué quedamos? Considero, en mi opinión, que se trata de un conjunto de ideas que pueden resultar muy confusas para alguien que teme encontrarse en una condición médica severa.

En cinco resultados, la información era vertida por un autor cuya profesión era desconocida o no era profesional sanitario. Uno de esos resultados era este: https://salud.uncomo.com/articulo/como-saber-si-tengo-depresion-23049.html en el que alguien que dice ser productora audiovisual y periodista está dando claves para que el usuario se autodiagnostique, o visto de otro modo, alguien que está informando públicamente sobre salud sin ser profesional sanitario, cosa que viola la ley sanitaria vigente, tal y como se desprende de la Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias, la Ley 14/1996, de 25 de abril, General de Sanidad, y la Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública.

En resumen, tengo la impresión de que, aunque la información vertida podría ser mucho peor, el afectado que recurra a Google buscando una salida va a toparse con una imagen frívola y trivial de la depresión, una imagen que responde más a los intereses del clickbait que a la verdadera intención por ayudar a los demás que debe tener un sanitario. Esa imagen se construye a través de los consejos que son dados, los cuales, en mi opinión, vienen a banalizar los síntomas y las necesidades de alguien depresivo. Un cuadro que tiene muchos tipos de expresiones y muchas particularidades, y que en estos casos, queda reducido a una visión simplista y reduccionista de la realidad clínica. Estas representaciones hacen un flaco favor a la psicología y la psiquiatría (no olvidemos que la mayoría de artículos vienen referidos por personas que dicen ser psicólogos), ya que el afectado que busca información puede generarse una imagen distorsionada del tratamiento y de los profesionales, y puede menospreciar la labor de estos, cosa que puede disuadirle de pedir la ayuda correspondiente, retrasar su diagnóstico y tratamiento, si es que no, en el peor de los casos, evitarlo.

"Acompañando" la depresión.

Anteriormente ya hemos hablado, bastante, de una de las sectas pseudoterapéuticas más peligrosas de la actualidad, la "Bioneuroemoción". Normalmente me centro en la faceta pseudocientífica de los sus postulados, pero esta vez es importante subrayar el componente de estafa formativa que aboca a que gente sin cualificación alguna (y lo que es peor, completamente desnortados por dichos postulados), acabe teniendo la salud mental de terceros en sus manos.


Como recordatorio, la "Bioneuroemoción" propone que "todo lo malo que nos sucede en la vida es una petición que hacemos al Universo para que nos llame la atención sobre un conflicto emocional inconsciente no resuelto", ahí es nada.

Esta premisa ya es capaz de llevar a la locura a gente sin problemas, que acaba preguntándose en serio cosas como (casos reales) "¿para qué le he pedido al Universo que se me fundan las bombillas de casa?" o "¿para qué le he pedido al Universo que me cague una paloma encima?", y a quienes se les acaba respondiendo cosas como "la electricidad simboliza al padre, así que tienes un conflicto con el padre" o "¿qué es lo que no quieres dejar ir en tu familia?".



Imaginad qué no ocurrirá cuando es una persona con un problema tan serio como la depresión quien entra en una de estas consultas de "acompañantes en bioneuroemoción" ("acompañante" es el término legalmente seguro para denominarse "terapeutas"), y a quienes se les "receta" dejar el trabajo y a la pareja. Podéis leer el dramático caso que recibimos en RedUNE aquí.


También hicimos un análisis del caso, junto con Vary Ingweion y Psiqetal, aquí:



Ojalá algún día pueda recordar casos como este como una mala pesadilla que ya no se volverán a repetir. Ahora mismo estamos muy lejos de ese día...

lunes, 3 de abril de 2017

You had one job


En el periodismo solo importa una cosa realmente: difundir información veraz. Luego se le añaden reglas no escritas, o sí escritas, como que las noticias sean actuales o que, en temas de opinión, se busque un trato de equidistancia, pero lo que prima es el contraste crítico de la información. Un periodista  es (o debería ser), ante todo, un escéptico. Debería consultar su propia fecha de nacimiento en el registro y no conformarse con lo que su madre le haya dicho.

Pero esto tan simple hace tiempo que es más raro de ver que un bigfoot montado en unicornio; nos hemos acostumbrado a encontrar noticias donde se reproducen (la palabra técnica exacta sería «excretan») afirmaciones ya no poco veraces, sino imposibles, sin que nadie levante una ceja. Por ejemplo, sobre la «alergia al WIFI». A menudo me pregunto qué pasaría si, por ejemplo, al cubrir una noticia de un partido amistoso entre los dos mejores equipos de fútbol en el que el resultado fuera 3-0, el periodista publicara que el partido acabó con un 2-0 en el marcador. Un cambio mínimo y del todo irrelevante. Y qué pasaría si un periodista dijera que el cáncer se cura con dietas.

La segunda noticia puede costar vidas; la primera, da igual. Sin embargo, el primer periodista probablemente se vería de inmediato de patitas en la calle (probablemente en un marco de abucheo popular), mientras que el segundo seguirá siendo, además de un incompetente redomado, un peligro para el ciudadano.

A menudo, además, será un incompetente que aplica la equidistancia donde no procede: en entornos donde no se están expresando opiniones, sino hechos, en entornos donde la calidad de quien hace las aportaciones son como el cielo y la tierra (como podría ser, hablando del VIH, las del presidente de una asociación de inmunología y de un agricultor iletrado) o el mero hecho de crear debates inexistentes donde no los hay (como la mera existencia del VIH, los chemtrails, el terraplanismo...).

Si se cruza  una estrella fugaz y alguien protesta, no faltan los «balones fuera», otra seña de un mal periodista, que raramente admitirá equivocarse; hablará de libertad de expresión, igualdad de los ciudadanos ante la ley, o que la nota de prensa sobre la curación del cáncer con sugus le ha llegado del prestigioso instituto internacional de curación del cáncer con sugus, y se han limitado a reproducirlo.

Hay periodistas, demasiados, a los que se podría sustituir por un mono mal amaestrado en machacar ctrl+c, ctrl+v, y la única diferencia sería que, al menos, no habría que soportar las malas excusas del segundo.

Un periodista solo tiene una única cosa de la que asegurarse: de que la información vertida por él sea veraz. Si no pretenden hacerlo por ser costoso, o por pereza, o por pecar de confiados, o lo que sea, mejor sería que dejaran el carnet sobre la mesa y se metieran a porteros de edificio (con todo mi respeto para la profesión).

domingo, 12 de marzo de 2017

Colegios de pseudociencias.

Los principios esenciales de la profesión médica se traducen en las siguientes actitudes, responsabilidades y compromisos básicos:


El fomento del altruismo, la integridad, la honradez, la veracidad y la empatía, que son esenciales para una relación asistencial de confianza plena.


La mejora continua en el ejercicio profesional y en la calidad asistencial, basadas en el conocimiento científico y la autoevaluación.


El ejercicio de la autorregulación con el fin de mantener la confianza social, mediante la transparencia, la aceptación y corrección de errores y conductas inadecuadas y una correcta gestión de los conflictos.


Código de Deontología Médica, Preámbulo.


Puedo entender que el charlatán de la esquina intente curarme el cáncer con plantas, lejía o pases mágicos. No entiendo que esté pasando impunemente a día de hoy, pero esa es otra historia. Puedo entender que, por ejemplo, mi panadero no sepa distinguir si una terapia o técnica tiene base científica o se trata de un fraude sanitario.

No puedo entender que haya médicos que abogan por fraudes sanitarios.

O puedo intentar entenderlo: por pura probabilidad, seguro que hay gente con problemas mentales que le empujen a cierto tipo de delirios, como le pasó al ex-doctor creador de la secta pseudoterapéutica actual más letal, la “Nueva Medicina Germánica”, que se ha cobrado más de 3000 vidas y sigue matando en nuestro país.

Puede que haya una carencia en la formación en el método científico, su necesidad para reducir sesgos cognitivos, la estructura de un ensayo clínico con su diseño previo, sus grupos aleatorizados, con su control, su número de participantes estadísticamente representativo, su doble o triple ciego, la importancia de la revisión por pares y los conflictos de intereses, la diferencia entre una publicación en una revista con alto impacto, los metaanálisis y revisiones sistemáticas… y todas las trampas de mala ciencia que se puede hacer en todos y cada uno de los puntos del proceso y que hay que tener en cuenta antes de dar por válido hasta un “buenos días”.

Y puede que haya aprovechados que, como quizá el médico de Canarias que daba charlas en la Universidad de Las Palmas difundiendo la segunda de las más letales sectas pseudoterapéuticas actuales, la bioneuroemoción, busquen una forma de ganar un sueldo extra con cursos, talleres, vídeos y consultas.

El problema es que, como fuere, con el corporativismo mal entendido, la falta de formación específica y la inoperancia de que adolecen a los Colegios (a veces corrompidos hasta la médula), estos parásitos y malos profesionales se les han colado hasta la cocina y se han puesto bien cómodos.

Ya no solo hablamos de fraudes manifiestos como el reiki o las “terapias cuánticas” o “energéticas” o estafas socialmente toleradas como la homeopatía, que se han introducido en la sanidad con la (eterna) excusa de sus gerentes de que “mal no hará, la gente lo demanda, y así nos aseguramos de que ese placebo lo aplican correctamente los profesionales”, y que termina cerrando el círculo con el daño social de “si lo aplican en un hospital es porque funciona, así que lo demando”, olvidando que por inocuo que sea el producto o técnica, la distorsión sobre cómo funciona la realidad nunca es inocua y provoca víctimas por interferencia, retraso o rechazo de tratamientos validados.

Hablamos directamente de estar impartiendo cursos de “formación” en sectas como la medicina antroposófica en Colegios Médicos. Hablamos de descubrir que, al ir a denunciar al médico de Canarias, presentaban su charla el presidente y vocal de su comité de deontología. Hablamos de la pretensión de montar centros de “medicina tradicional china” en algunos lugares donde ni siquiera tienen un centro de atención primaria. Por cierto, ¿alguna vez pensaron en lo ridículo que les sonaría intentar llevar a China un centro de medicina tradicional europea, con sus sangrías y dietas y sanguijuelas y ayunos y purgas y trepanaciones y venenos y cataplasmas? ¿Alguno se molestó en revisar la esperanza de vida de China antes de la llegada de la “medicina occidental”? (O en India, para los creyentes ayurvédicos).


Estamos ante un mal endémico, que socava su integridad, honradez y veracidad, que convierte el fundamento en el conocimiento científico en una mera sugerencia “tan válida como cualquier otro conocimiento”, que a la postre repercute en gente desconfiando del chamanismo que le puede aplicar el personal sanitario de turno según sus “ideas” en lugar del pertinente tratamiento válido (o como inútil añadido al que de verdad le curará). Va siendo hora de que acepten y corrijan estos errores y conductas inadecuadas. Les doy algunas pistas:

  • No por ser algo natural ha de ser bueno (la cicuta y un rayo son muy naturales).
  • No por ser algo tradicional o milenario significa que funcione. En salud, más bien significará que es primitivo y está ampliamente desfasado.
  • La medicina siempre ha sido holística; no permitan que nadie se apropie de ello.
  • La medicina siempre ha sido integrativa; parafraseando a Minchin, las “medicinas alternativas” que han probado que funcionan se llaman “medicina”.
  • Fórmense contra pseudociencias y sectas, no en ellas. Busquen el pensamiento crítico en general. Muchas asociaciones les tenderán la mano en este objetivo.
P.D.: Esto va también por las revistas sanitarias que, tratando de mostrarse equidistantes, faltan a su compromiso deontológico de contrastar verazmente su contenido, usando eufemismos como “sin aval científico claro” donde debería leerse “siendo un fraude sanitario manifiesto”, o permitiendo que se afirme en ellas, sin despeinarse, que “una cefalea es por una patología energética del hígado”. Pero el asunto del "periodismo en salud" merece una entrada propia, más extensa.